Infinitas gracias por su aún más infinita paciencia a Cecilia del Val y Töny Pueyo por sus fotos, a Beatriz del Val por ser modelo por un día, a Jesús Lacleta por todo (desde las chocolatinas y cocacolas a las críticas menos diplomáticas), y a Sebastián Valdivia y Salva de Diego por su soporte informático.
A todos los que me han ayudado (y aguantado) reconvertidos en contables, azafatas, dependientas, pintores, transportistas, costureras, montadores, promotores, asesores de todo tipo, empapeladores, mensajeros, decoradores, relaciones públicas y animadores (presenciales y a distancia) que, como además de encantadores son inteligentes, seguro que se dan por aludidos.
A Óscar, Pablo y Alba, por guapos, que no es poco.
Y a Joan Segovia, de Punto de vista (www.puntdevista.com) y a Nacho Bergara (www.nachobergara.com) por ser (hasta ahora) los únicos hombres capaces de ponerse una flor de fieltro en la solapa y por hacer trabajos tan bonitos.